Argumento: Angela es ayudante de producción y trabaja para una empresa rumana. Conduce por Bucarest y el resto del país para cumplir la misión de una multinacional: buscar testimonios para un spot sobre seguridad laboral. (FILMAFFINITY)
Como si no bastara con el desastre diario, Angela se inventa un alter ego fascista y misógino para TikTok. Una especie de bufón digital que dispara barbaridades, como quien se saca una espina con humor venenoso. Porque cuando el sistema te traga, lo único que queda es reírse de todo, incluso de uno mismo. En medio del delirio, No esperes demasiado del fin del mundo se convierte en un espejo sucio donde todo está distorsionado, pero no por eso menos real.
El blanco y negro no busca nostalgia, busca desgaste. Y entre medias, esas escenas a color que parecen llegadas de otro planeta: una película comunista de los ochenta, puesta ahí no como homenaje, sino como contraste brutal. Jude convierte su película en un experimento incómodo, un riesgo narrativo que lo apuesta todo al exceso. Su duración abruma, su estructura descoloca, su propuesta visual no busca complacer. Porque si el pasado fue propaganda, el presente es cinismo disfrazado de progreso. Nos reímos, sí, pero con un nudo en la garganta.
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