Argumento: Al crecer en una época represiva en la que la sexualidad era un tema tabú, Ana, de 68 años, Patricia, de 69, y Mayela, de 71, desarrollaron su concepción de lo que significa ser mujer basándose en normas tácitas y expectativas implícitas. Ahora se atreven a hablar de ello abiertamente. Los recuerdos, secretos y anhelos de las tres se entrelazan de forma poética: mientras las mujeres cuentan sus historias fuera de la pantalla, llenan el cuerpo de otra mujer de su generación que encarna sus vidas. (FILMAFFINITY)
El film no es eficaz por sus aristas dramáticas, sino porque entiende que el cuerpo viejo, con sus arrugas, cicatrices y grietas, tiene algo que contar aún: está intacto, dispuesto a vivir. Lo más conmovedor no es escucharlas hablar de amor, de deseo o de soledad, sino sentir cómo sus voces, al unirse, atraviesan el tiempo y reverberan en el presente. No son confesiones aisladas, sino un eco compartido que reescribe su propia historia y demuestra que la vida, incluso en su crepúsculo, todavía puede encenderse.
Y aunque al principio cuesta adaptarse a esa decisión narrativa de no mostrar a las protagonistas, poco a poco la película encuentra su unidad: como palos que se acomodan hasta formar una hoguera, las voces se encienden y llenan de calor el cuerpo del espectador. Lo que parecía distancia se convierte en cercanía, y ese fuego final deja una sensación perdurable, un ejercicio de memoria que se niega a apagarse.
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